miércoles, 7 de octubre de 2020

 ANÉCDOTAS DE CUARENTENA

Hola a todos y todas. Los ganadores de nuestro concurso fueron: Lucia Navarro y Karim Aila DARUICH. ¡¡¡Felicitaciones!!!

A continuación les dejo algunos de  los relatos que nos enviaron hasta el 21 de septiembre.

Nuestra primera anécdota la envió por correo electrónico la profesora Florencia  y dice así:

¡Hola! Soy Florencia Semaan, profesora de Matemática financiera de 5to B contable. Cuando todo esto pase seguramente voy a contar lo que pasé en los comienzos de la cuarentena. Cuando vaya a mi provincia de Tucumán. Teníamos junto a mi familia y a mi pareja tantos planes para cuando naciera mi bebé, como todo el mundo que no esperaba esta situación.

Mi hijo Líam Brizuela nació el 7 de abril del 2020 en el Policlínico de Neuquén. Fui mamá primeriza lejos de mis afectos y, durante los días de internación, no dejaban que se quedara mi pareja en las noches debido a la situación. Me sentía literalmente una niña al cuidado de un bebé ¡ja,ja! Pero sobreviví y hoy me siento orgullosa de contarlo. Líam nos trajo desde aquel día sólo felicidad. Lo más lindo de esta cuarentena en medio de tantas noticias malas, si hay algo positivo que pueda decir, es el nacimiento del amor de mi vida.

Saludos a todos. Espero con ansias el regreso a la escuela. 



La siguiente anécdota la vamos a mantener anónima (por ahora). La envía La soñadora por whatsapp:

Se llama CUIDADO CON LO QUE SUEÑAS...

Tenía que pasar y pasó. No, no tenía que pasar.

  Había estado haciendo cosas en casa. Me encargué ese día de la comida. Soy maso para cocinar. Había estado en zoom. Repasando cosas de la escuela, que por cierto, extraño mucho. Hablé por WhatsApp con unas compañeras,leí, seguí limpiando un poco la casa y, al final del día, estaba muy, muy cansada.  Me acosté. Puse una serie y me quedé tan dormida que el tele  quedó prendido. Siempre lo apago antes de dormir  porque me hace soñar cosas raras si queda encendido. Me dormí profundamente. Agotada. Y empecé a soñar. Cerca de las 5 de la madrugada tuve un sueño hermoso. Re lindo. Me iba de viaje no sé bien a qué lugar pero era como un viaje soñado. Paramos en una estación de servicio. Me gusta mirar las golosinas que venden en las estaciones de servicio. Me dieron ganas de orinar. Pero los baños a veces están sucios y me aguanté. Seguimos viaje. Llegamos a un hotel grandioso. Un lujo. Volvieron las ganas de ir al baño y entraba al baño.  Ya era el lugar adecuado y limpio. Bajaba mi ropa interior y liberaba el pi pi que urgentemente pedía ser liberado. Peeeeerooooo, la anécdota es que fue un sueño tan pero tan real que me oriné en la cama y de un salto estaba en el baño de mi casa.

 La próxima vez dormiré una siesta. No sé lo cuenten a nadie. Y no se rían porque si alguna vez les pasa se van a acordar de mí.



La estudiante Lucía Navarro de 1°E, a través de su preceptora Mary, nos hizo llegar su anécdota:

Desde que empezó la pandemia no me han pasado cosas muy locas. Somos una familia grande y podría decirse que ahora cada uno tiene un rol distinto. Y a mí, por ser la mayor, me tocó el de hacer las compras en el mercadito de la esquina de mi casa.

Debo decir que ha sido un dilema, cada vez que tengo que salir, ¡zaz! Desaparece mi barbijo, o lo peor de todo, con el apuro de ir rápido, darme cuenta casi llegando a la esquina que no lo tengo y volver corriendo a buscarlo porque la gente te mira de una manera rara. Mi vecina de toda la vida preguntándome por mi DNI cada vez que me ve, siendo que hasta me ha visto crecer. Todo ha sido muy distinto. Extraño tanto la normalidad que hasta podría decir que una de las cosas que dejé de hacer es comerme un pedacito de pan camino a casa después de haberlo comprado.


Y la prece Mary también nos envió su anécdota:

En plena cuarentena golpean la puerta de mi casa. Era una amiga. Me mira y me dice: “¡Stop! Mantené la distancia y ponete barbijo”. Charlamos un rato y cuando se va, sin darnos cuenta, nos despedimos de beso.  Y  bueno, ya estaba, así que aprovechamos a darnos un gran abrazo.  Por suerte nada pasó, no hubo contagio😋 .


La anécdota de Jorge, nuestro preceptor del turno tarde es la siguiente: 

Durante la fase uno hice varias veces tortas fritas. En una oportunidad decidimos con mi compañera Érica agregarle arriba, apenas la sacás, azúcar impalpable porque quedan muy buenas. En eso que voy sacándolas, manoteo de la alacena lo que para mí era azúcar impalpable. ¡Y no lo era!  Era almidón de maíz.  A todo esto, yo ya llevaba varias sacándolas y poniéndole y, en un momento,  se acerca Érica me ve y me dice: “¿qué le estás echando?” Le digo: “Azúcar”.🤷🏻‍♂🤷🏻‍♂🤷🏻‍♂ ¡Nooo! Me dice. Es almidón de maíz. Nos reímos mucho  e inmediatamente le tratamos de sacar lo que más pudimos. Igualmente nos las comimos con unos buenos mates. ¡Ah! Y salieron buenísimas.😋😋😋😋

Nuestro alumno Karim AILA DARUICH le envió por Whatsapp a la vice Elizabeth su anécdota:

Hace unos 4 meses con mi mamá y mi papá abrimos una verdulería. Un día yo estaba enojado y mi mamá me pidió que saliera a atender. Salgo poniendo cara de simpático. Atiendo y, cuando termina de comprar la señora, le digo que eran 100 pesos.

De pronto veo que saca 100 dólares del bolsillo y ahí, enseguida, me cambió la cara a contento. Pensaba que me iban a pagar en dólares. ¡Pero veo que los abre! Y resultó ser que era una billetera.

Esa sería mi anécdota.

Aluhe, nuestra secretaria, titula sus anécdotas  “Momentos incómodos”.

Creo que una anécdota que a va a quedar en en el recuerdo de este año insólito que estamos atravesando, es el SALUDO. Cada vez que me cruzo con un tío que veo de vez en cuando, o con mis papás o con mis hermanas, te dan ganas de abrazar y de saludar, como hacíamos siempre los argentinos y las argentinas, que damos esa demostración de cariño desde el saludo ya. Y ahora, es como un momento incómodo, de alejarte un poco. Y bueno, es un momento incómodo pero es un recuerdo de cuarentena.

Otra anécdota de cuarentena es cuando he salido a comprar y veo gente con barbijo que pienso que es alguien conocido y lo saludo desde lejos: “ey, hola, ¿cómo estás?” Y  no es. Ese momento incómodo saludando a alguien pensando que es una conocida o un conocido y no lo es, es otro recuerdo que nos quedará.

El jurado que me acompañó en la selección de las anécdotas también nos cuenta sus anécdotas.

La profe Eugenia Ontivero nos contó la siguiente: 

¿Qué me pasó de particular en esta cuarentena histórica? Resulta que llevaba dos años con ortodoncia y ya estaba en el tramo final del tratamiento cuando iniciamos la Fase 1. Hete aquí  con tanta suerte que uno de los alambres que tenía se soltó, se aflojó, no sé, pero  me pinchaba el cachete, esos cachetes tan chiquitos que tengo. El punto es que aguanté, sí, aguanté varios días el dolor porque ese alambrecito divino me estaba lastimando de tal manera, que la idea de hacerme la valiente y aguantar, la tiré al tacho. Llamo a mi odontóloga, le cuento la situación, me comenta lo difícil que estaba para poder verme porque ella tiene su consultorio en Neuquén. En fin, llamé a la comisaría, me explicaron todos los pasos para poder ir y, al día siguiente, fui. Colas eternas en la ruta, pasé el control con éxito y me dirijí cual “Shumajer” a Neuquén. Todo muy bien, hice los rulitos de la rotonda, ingresé por la calle del Coto y uno de los semáforos enciende su luz roja. Frené y ¡chan! Se me apagó el auto. ¿Qué hago? Tenía un control policial justito frente a mí. Imaginen mi cabeza a mil por hora porque recuerden que estábamos en Fase 1. Un par de bocinas y quedé sola frente al semáforo.  Se acercaron los policías, me preguntaron qué pasaba y les hice gestos, nunca bajar el vidrio, de que el auto no encendía. Bueno, unos genios, me bajé del auto para que ellos lo empujaran y lo dejaran estacionado en una de las veredas. Y cuando estaban corriéndolo, les saco una foto y se la envío a mi mamá  diciéndole que me llevaban presa por no tener permiso para circular ¡je, je, je! Resumen, pude ver a mi odontóloga, ya no tengo más los brackets, mi auto anda de diez y los policías fueron muy amables. Momento tenso pero me reí bastante estando sentadita en el cordón viendo cómo los policías rodeaban el auto y la gente, que transitaba mirando, trataba de descifrar lo que pasaba.


Érica, nuestra preceptora y jurado nos relató su anécdota: 

Estaba en la casa de mis viejos, y obviamente, como tod@s a full con el pulverizador de alcohol y el de lavandina. Cuestión que llega mi viejo y mi madre me dice: “Érica, ¿por qué no lo pulverizás a tu papá antes de que entre?". A lo que yo dije: “Sí ,vieja ahí voy”. Agarro un pulverizador y lo espero en la puerta.  Él me saluda, se saca la boina que usa y empiezo mi acción. Cuando los dos vemos que su boina azul automáticamente se llena de pintitas amarillas. “NOOOOOOO”, me dijo él, “¡es el de la lavandinaaaaa!” Le arruiné la boina a mi papá. ¡Ja, ja! Menos mal que no le tiré a la ropa. Desde ese momento, no quieren que vaya a su casa. ¡Ja, ja! Naaah, mentira. Voy, pero ahora los pulverizadores están etiquetados ¡Ja, ja, ja!


Y ahora les dejo una de mis anécdotas: DNI PAR

No recuerdo en qué fase estábamos pero las salidas eran restringidas. Me tocaba salir a comprar. Día viernes. Ya había empezado a regir lo de las salidas según la terminación del DNI. Debo admitir que las primeras salidas con barbijo fueron muy incómodas para mí, me costaba respirar, sentía que no veía bien, realmente, evitaba las salidas para no pasar por eso. Pero bueno, la mercadería se acaba y había que reponer. Así que entré al supermercado Cooperativa Obrera y el guardia me pidió el DNI, luchando por sacar la billetera de la cartera, por poder respirar a través del barbijo, busqué el DNI y no estaba donde habitualmente lo guardaba. Desesperación ¿Dónde estaba mi documento? Recordé que mi hijo menor había estado jugando con mi billetera, así que busqué en otro compartimento. Lo saqué triunfal y se lo muestro al guardia. "Señora, su DNI es impar, hoy le toca a los pares". "¡Pero yo soy par!", le dije. Miré el DNI y decía: María Emilia Guerra. Era el documento de mi hija de (en ese momento) seis años. Rayos, no puedo entrar a comprar. Perdí el DNI y ahora, ¿cómo hago? Di media vuelta, metí mi mano en el bolsillo de la campera y ahí estaba el DNI que ya creía perdido. Había olvidado que antes lo había sacado para mostrarlo en otro negocio. Se lo mostré y le dije al guardia que lo tenía en el bolsillo, ese era el mío. Creo que me puse colorada, me dio risa y vergüenza, por suerte, uno de los beneficios del barbijo es que no te ven toda la cara ¡ja, ja!


Esto es todo... por ahora!!! sigo recibiendo relatos, los cuales quedaran compilados en nuestra biblioteca, esperando el regreso a clases presencial. Muchísimas gracias a les que se animaron a participar. Espero se animen a escribirme al mail bibliotecacpem50@gmail.com

Su bibliotecaria, Marcela :)


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