martes, 23 de marzo de 2021

 

24 de marzo, Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia


El 24 de marzo de 1976, un golpe de Estado cívico-militar derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. A partir de ese momento una Junta Militar impuso la dictadura más sangrienta de la historia nacional: persiguió, torturó y asesinó a miles de argentinos; dictó normas por encima de la Constitución; disolvió el Congreso y los partidos políticos; prohibió la actividad sindical; anuló la libertad de expresión y devastó la economía nacional. En agosto de 2002 se sancionó una ley por la cual se instituyó el 24 de Marzo como Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Mantener viva la memoria e informarnos sobre los hechos, aunque sean dolorosos, es una forma activa de defender los derechos humanos y el futuro de todos.
Poder acercarnos un poco más a ese pasado no dará herramientas para sostener NUNCA MAS  a una dictadura y poder valorar que hoy podemos construir día a día una democracia mas justa e igualitaria.
Cuando podamos volver a nuestra biblioteca, y si querés leer un poco más, podrás ver material en libros, afiches y mucho más.
Por ahora, les comparto una entrevista que se le realizó a una de las Madres de Plaza de Mayo:

Testimonio de Nora Cortiñas, madre de Plaza de Mayo

“Hasta que se llevaron a mi hijo teníamos un hogar común, de clase media baja, con un padre de familia muy trabajador que tenía la responsabilidad de traer el salario, y con dos hijos varones, Marcela y Gustavo, a los que les dábamos la educación con el sacrificio que se hace en una casa donde todo se consigue en base a mucho esfuerzo.

En nuestra familia siempre nos hemos ayudado los unos a los otros. Aprendían a compartir a ayudarse, a ser solidarios entre ellos. Estas cosas se van filtrando, van haciendo que en los chicos se despierte un deseo por ayudar a los demás. La solidaridad en la familia es muy importante.

Gustavo comenzó o trabajar de muy jovencito, cuando tenía 12 ó 13 años, en el club del ministerio de economía durante los meses de verano. Cuando cumplió 18 años, Gustavo empezó a trabajar en un empleo fijo, de tiempo completo. Ahí tenía compañeros que participaban en las tareas de acción social del padre Carlos Mugica, en la villa 31 de Retiro. Desde esa edad empezó o ir a la villa; se interesó por compartir con la gente humilde los ideales de justicia social. Al mismo tiempo, empezó a militar en la Juventud Peronista. Ya había terminado el secundario y estudiaba Ciencias Económicas, primero en la Universidad de Morón y después se pasó a la estatal. En 1973, que fue un año de gran agitación, dejó la facultad, se casó y siguió militando en la JP. Él tenía, como todos los chicos, deseos de cambio, de colaborar con los que más sufrían, de luchar con el pueblo.

Aunque nuestra familia no tenía participación política partidista, sí había algún pariente que militaba y a nosotros nos daba miedo que nuestros hijos decidieran meterse en política. Cuando Gustavo empezó a militar teníamos mucha preocupación. Nos parecía que se arriesgaba, que la cosa no venía bien, que ya había represión —por la Triple A, durante el gobierno de Isabel— y nos preocupaba mucho. Adentro de casa se daba una discusión generacional. Mi marido tenía miedo. Lo que pasa es que la juventud sobrepasaba la pasividad de los adultos o de la mayoría de ellos. Era una generación que crecía como la levadura. Los más jóvenes seguían el ejemplo de la gente que venía de participar de luchas anteriores, como el Cordobazo o el Rosariazo. Los chicos aportaban su vigor a la experiencia de los más viejos.

En el ’77, el 15 de abril, se llevaron a mi hijo. (…) Yo empecé a salir por todos lados como loca y ahí fue un cambio total en mi casa y en mi interior. Empezó una etapa donde además de una gran tristeza y un gran dolor hubo un cambio total de vida. Yo dejaba mi casa desde la mañana hasta la noche. A veces me iba a la madrugada para hacer las colas en las puertas de los cuarteles, de las cárceles. Ya en el ’77 era todo evidente. Las madres nos íbamos encontrando en los diferentes trámites para averiguar dónde estaban nuestros hijos. A mi hijo se lo llevaron el 15 de abril y el 30 de abril fue el primer encuentro en la Plaza de Mayo, a instancias de Azucena Villaflor. Después nos seguimos encontrando en la plaza, intercambiábamos información pero ninguna obtenía ningún resultado positivo. Azucena dijo que teníamos que hacer “todas por todos”.
Las madres, individualmente, no teníamos miedo. Pero lo que sí había en el conjunto de las madres era un miedo colectivo: pensar que si hacíamos denuncias los iban a castigar más, que no iban a aparecer, que los iban a matar Pero ese miedo duró poco. Dijimos “hay que salir y pelear”. Mostrarnos en la Plaza ya era un hecho. Fuimos amenazadas de muerte, apuntadas con armas largas. En voz baja, nos decían a una por una: “les vamos a hacer lo mismo que a sus hijos”. Pero nosotras seguimos ahí todos los jueves, hasta el día de hoy.

Fuente: Entrevista de Enrique C. Vázquez a Nora Cortiñas, del jueves 15 de agosto de 1996

 

 "(...)yo soy el que recuerda 

aunque no queden ojos en la tierra 

"(...) yo soy el yo seguiré mirando 
y aquí quedará escrita 
aquella sangre, 
aquel amor, 
aquí seguirá ardiendo, 
no hay olvido, 
señores y señoras, 
y por mi boca herida 
aquellas bocas seguirán cantando."

 versos del poema de Pablo Neruda "Yo recuerdo".

 http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL005774.pdf


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